La belleza trasciende la estética

jueves, 8 de diciembre de 2011

El bodegón en el Renacimiento I


Frutas y verduras. Manuscrito de Leonardo da Vinci

La naturaleza muerta apareció como género independiente en el Renacimiento, siendo considerada en un principio como inferior en comparación al retrato o las alegorías. En el Renacimiento el bodegón comienza a liberarse del significado simbólico y religioso con el que estuvo revestido hasta la Edad Media, cuando el naciente género aparecía encubierto o disimulado en pinturas religiosas o retratos. Así, grandes figuras como Leonardo da Vinci y Alberto Durero dejaron detallados dibujos y acuarelas,  donde los objetos naturales eran considerados entidades independientes, despojadas de cualquier asociación mitológica o religiosa.

 


Liebre. Alberto Durero
Cangrejo. Alberto Durero

Rigurosamente no podemos hablar del "género Bodegón" hasta el siglo XVII, el siglo del Barroco; sin embargo son varios los pintores renacentistas, que durante el siglo XVI nos ofrecen bodegones o naturalezas muertas representados con un claro protagonismo en el cuadro, ubicados en mercados, cocinas, fiestas campesinas o habitaciones y, a menudo, con escenas religiosas de fondo. El tema religioso queda relegado a un segundo plano.
Son los pintores de los Países Bajos los que mejor reflejan esta tendencia, verdaderos precursores del "género bodegón".


Holanda vive durante el siglo XVI un período de gran prosperidad económica, debido sobre todo al auge comercial. Este hecho facilita que  la burguesía tenga la posibilidad de comprar obras para adornar sus casas.  Además se produce durante el siglo XVI en el centro de Europa una explosión demográfica. Paulatinamente la población se concentra en espacios urbanos, lo que obligó a incrementar la distribución de alimentos. Los mercados de las ciudades aparecen repletos de puestos de alimentos, y los burgueses reclaman a los pintores que reproduzcan visualmente su prosperidad y su creciente poder.
En el siglo XVI comenzó también el conflicto entre los neerlandeses y Felipe II de España. Esta confrontación causó una guerra que duró 80 años (la Guerra de Flandes), y que finalmente le dio a los Países Bajos su independencia. 


 En los Países Bajos, se habían difundido las ideas luteranas, y hacia mediados del siglo XVI también fue muy fuerte la difusión del calvinismo. 
El calvinismo animó la emancipación de las artes de la tutela de la Iglesia.
 La idea calvinista de la elección sólo "por gracia" (predestinación) contribuyó a interesar al artista por lo que es aparentemente pequeño e insignificante. Si un hombre común, en quien el mundo no se fija, es valorado e incluso elegido por Dios, esto tiene que llevar al artista a encontrar también un motivo de arte en lo que es común y trivial, a estar atento a las emociones y asuntos del corazón humano en la vida cotidiana, a captar con su instinto artístico su impulso ideal y, finalmente, a interpretar con su pincel para el mundo este descubrimiento.
Estas ideas calaron en los artistas y en los burgueses que encargaban los cuadros. Estos cuadros despiertan apetito y necesidades, pero a la vez critican de un modo solapado el comportamiento consumista, tan contrario a las buenas obras cristianas, como por ejemplo el ayuno.
Como resultado de todo esto aparecen obras que abren nuevos caminos artísticos, escenas de género (mercados, cocinas, carnicerías, fiestas con grandes y pequeños bodegones:


 Paises Bajos

Destacan:

 Pieter Aertsen
(Amsterdam, 1508-1575)


Junto con su sobrino Joachim Beuckelaer fue uno de los primeros pintores de bodegones o naturalezas muertas, aunque también se dedicó a otros temas como las escenas religiosas. Dignificó este género como especialidad artística, ya que hasta esas fechas, era considerado propio de pintores imitativos, sin imaginación.


Bodegón con carne y con la Sagrada familia. Pieter Aertsen

Una de las obras más conocidas de Aertsen es Bodegón con carne y con la Sagrada Familia (también conocida como El puesto de carne o El puesto de carnicero), que el pintor firmó en 1551.


Una enorme cantidad de productos cárnicos se ofrecen al comprador. En primer plano se aprecian mesas, ollas, platos, un barril, una silla y cestas de mimbre sirven de soporte a las grandes piezas cortadas, patas de cerdo, sopas, cadenas de embutidos y aves de corral muertas.
Detrás se ve un establo abierto con tejado de ripias, construido con pilares de madera;
 de una vara cuelgan, entre otras cosas, una cabeza de cerdo y un embutido serpenteante y más allá se percibe un cerdo desollado, que más tarde retomaría Rembrandt como un buey desollado.

 Existen varias versiones de ese cuadro, lo que demuestra la fama que llegó a adquirir. 
El aspecto más novedoso del arte de Aertsen es la inversión de la jerarquía temática tradicional, que tuvo una gran influencia, tanto en los propios Países Bajos, como en Italia, en la obra de artistas como Vincenzo Campi. También en España el joven Velázquez, a principios del siglo XVII, realizó bodegones que son herederos de las ideas de Aertsen.

La combinación de escenas religiosas con una naturaleza muerta, que observamos en este cuadro, conlleva un comentario sobre cuestiones morales y actitudes frente a la vida. En este caso, la escena donde se muestra el acto caritativo de la Virgen repartiendo limosna se ve relegada al fondo del cuadro. Para llegar a ella, nuestra vista ha de atravesar la mesa de un suculento puesto de venta donde aparecen carne y vísceras de diferentes animales dispuestas para su venta. Estos elementos no sólo ocupan el primer plano, sino que además son de mayor tamaño que las figuras religiosas. No conocemos ningún documento contemporáneo de la obra que nos explique su significado, pero no es difícil adivinar que el espectador se enfrenta a una imagen en la que el interés (no olvidemos que la carne que observamos está dispuesta para su venta) y la abundancia desmesurados se comparan con la caridad de la Virgen.
Para instar al espectador a meditar sobre estas cuestiones, el pintor se refiere en su cuadro a un episodio contemporáneo. El cartel que se observa en la parte superior derecha de la escena dice lo siguiente:
“Aquí detrás hay 154 varas de tierra que se vende inmediatamente, ya sea por vara o en su totalidad” (“hier achter is revé te coope tersto(n)t metter roeye(n) elck syn gerief oft teenemale 154”). 
 
Lo que Aertsen muestra, por tanto, no es sólo una venta de comida, sino también de terrenos, un tema hacia el que existía especial sensibilidad en Amberes a mediados del siglo XVI, debido al enorme incremento que experimentaba el precio del suelo en zonas urbanas. La venta mencionada fue real, según un documento contemporáneo encontrado en los archivos de Amberes, en 1551 (la fecha en que se pintó el cuadro) la ciudad confiscó una serie de terrenos, y a continuación cedió parte de ellos, concretamente 154 varas, a un personaje que había sido juzgado en varias ocasiones por escándalos de corrupción, Gilbert van Schoonbeke. Aunque no conocemos todos los detalles del caso, al parecer el beneficio que Van Schoonbeke sacó de esta operación fue considerado como un escándalo. Al referirse en su cuadro a este caso concreto, Aertsen buscaba que el contraste entre la caridad de la Virgen y la conducta usurera fuese lo más directo y relevante posible para los espectadores.



La danza del huevo. Pieter Aertsen

Pieter Aertsen. Una habitación llena
Fiesta campesina. Pieter Aertsen

Cristo y la mujer adúltera. Pieter Aertsen


 
La historia bíblica se encuentra al fondo, mientras que el primer plano lo dominan campesinos que ofrecen lozas, frutos en cestas, cebollas, zanahorias, pepinos, col, así como huevos, pan y leche en grandes recipientes. Es en esta acción donde se fija la mirada del observador, y no en la escena religiosa.


 

La vendedora de verduras. Pieter Aertsen

Dos mujeres cocinando. Pieter Aertsen

La cocinera. Pieter Aertsen

Joachim Beuckelaer
 (Amberes, 1533-1574)

 
Sobrino político y discípulo de Pieter Aertsen. Heredó de él la predilección por las grandes muestras de naturalezas muertas y las escenas de género, sobre todo interiores de cocina y mercado, con representaciones religiosas en el fondo. Más sencillos que los cuadros de Aertsen, renunció también al escenario bíblico, pero expresando a cambio, con excesiva exhuberancia, la escena de mercado.

 
Su serie sobre los Cuatro elementos, en la National Gallery de Londres, ejemplifica este tema:

 


Los cuatro elementos: Aire. Joachim Beuckelaer

 

En esta pintura 'Aire', diferentes tipos de aves se ofrecen para la venta, algunos todavía vivos en grandes cestos de mimbre, y otros muertos. En el centro de la composición, a distancia, el hijo pródigo se muestra inclinado contra una mujer.




Los cuatro elementos: Tierra. Joachim Beuckelaer



En esta obra la mujer, presumiblemente una campesina, se convierte casi en un accesorio de las cestas llenas de frutas y verduras que se apilan hasta el borde superior del cuadro. Las coles de color violeta verdusco con sus hojas rugosas, agitadas y crespas, son prueba fehaciente de un método mejor de abono, y la abundancia de productos dan testimonio del gran número de injertos y cruces.


 

Los cuatro elementos: Agua. Joachim Beuckelaer 


El Agua muestra un mercado con doce tipos diferentes de pescados, alusivos a los doce apóstoles de Jesús. A través de un arco, en el fondo, vemos a Jesús caminando sobre el mar de Galilea.


Los cuatro elementos: Fuego. Joachim Beuckelaer

El fuego es una de las obras más ambiciosas de Beuckelaer, combina la naturaleza muerta  de carne y aves de corral, con los cuartos traseros preparados para cocinar en el fuego. Más allá de la cocina, Cristo aparece sentado con Marta y María. 

 


La cocina bien abastecida. Joachim Beuckelaer

Mercado de verduras. Joachim Beuckelaer
Cristo en casa de Marta y María. Joachim Beuckelaer



Obra de transición entre la pintura flamenca, coetánea del Renacimiento, y el Barroco pleno de Flandes y Holanda. Las ropas, la moda, los adornos escultóricos y las arquitecturas clasicistas del fondo, nos hablan de la aceptación de los postulados del Cinquecento italiano. Sin embargo, tanto la composición como el tema, nos dan a entender que se ha avanzado en la concepción de la pintura. 

Siendo el tema la visita de Cristo a casa de Marta y María, esta escena, que supuestamente es la principal, aparece desplazada al fondo, con figuras de pequeño tamaño y escasa relevancia en la acción. La atención se centra, por el contrario, en la visión de la despensa de la casa, en la cual se disponen los manjares que van a consumir. Esta importancia de la comida y su preparación se relaciona con la aparición de un nuevo género independiente, como es el bodegón.


Mujer en el mercado con frutas, vegetales y aves de corral. Joachim Beuckelaer

Detalle de la obra

Interior de cocina. Joachim Beuckelaer

Cerdo descuartizado. Joachim Beuckelaer

La cocinera. Joachim Beuckelaer

Fuentes