La belleza trasciende la estética

lunes, 3 de agosto de 2015

Canción oriental

 
 
 
 
Antonio Castelló Avilleira

 
 
Es la granada olorosa

un cielo cristalizado.

(Cada grano es una estrella,

cada velo es un ocaso.)

Cielo seco y comprimido

por la garra de los años.

 
La granada es como un seno

viejo y apergaminado,

cuyo pezón se hizo estrella

para iluminar el campo.

 
Es colmena diminuta

con panal ensangrentado,

pues con bocas de mujeres

sus abejas la formaron.

Por eso al estallar, ríe

con púrpuras de mil labios...

 
La granada es corazón

que late sobre el sembrado,

un corazón desdeñoso

donde no pican los pájaros,

un corazón que por fuera

es duro como el humano,

pero da al que lo traspasa

olor y sangre de mayo.
 
La granada es el tesoro

del viejo gnomo del prado,

el que habló con niña Rosa

en el bosque solitario.

Aquel de la blanca barba

y del traje colorado.

Es el tesoro que aun guardan

las verdes hojas del árbol.

Arca de piedras preciosas

en entraña de oro vago.
 
 


 
La espiga es el pan. Es Cristo

en vida y muerte cuajado.
 
 
 
 
 
El olivo es la firmeza

de la fuerza y el trabajo.
 
 
 
Antonio Castelló Avilleira
 
 
La manzana es lo carnal,

fruta esfinge del pecado,

gota de siglos que guarda

de Satanás el contacto.
 
 
 
Antonio Castelló Avilleira

 
 
La naranja es la tristeza

del azahar profanado,

pues se torna fuego y oro

lo que antes fue puro y blanco.
 
 
 
 
Antonio Castelló Avilleira
 
 
 
Las vides son la lujuria

que se cuaja en el verano,

de las que la iglesia saca,

con bendición, licor santo.






 
Las castañas son la paz

del hogar. Cosas de antaño.

Crepitar de leños viejos,

peregrinos descarriados.
 
 
 
 
 
 
La bellota es la serena

poesía de lo rancio,

y el membrillo de oro débil

la limpieza de lo sano.
 
 
 
 
 
 
Mas la granada es la sangre,

sangre del cielo sagrado,

sangre de la tierra herida

por la aguja del regato.

Sangre del viento que viene

del rudo monte arañado.

Sangre de la mar tranquila,

sangre del dormido lago.
 
La granada es la prehistoria

de la sangre que llevamos,

la idea de sangre, encerrada

en glóbulo duro y agrio,

que tiene una vaga forma

de corazón y de cráneo.
 
 
¡Oh granada abierta!, que eres

una llama sobre el árbol,

hermana en carne de Venus,

risa del huerto oreado.

Te cercan las mariposas

creyéndote sol parado,

y por miedo de quemarse

huyen de ti los gusanos.


Porque eres luz de la vida,

hembra de las frutas. Claro

lucero de la floresta

del arroyo enamorado.

 
¡Quién fuera como tú, fruta,

todo pasión sobre el campo!

 
 
Federico García Lorca