La belleza trasciende la estética

viernes, 8 de marzo de 2019

Zurbarán: "San Hugo en el refectorio"




"San Hugo en el refectorio",  hacia 1655, Francisco de Zurbarán. Museo de Bellas Artes, Sevilla



Las cosas se visten de eternidad en los pinceles de Zurbarán



Ni el humo, ni el vapor, ni la neblina.
Lejos de aquí ese aliento que destruye.
Una luz en los huesos determina
y con la sombra cómplice construye.
Pensativa sustancia la pintura,
paraliza de luz la arquitectura.

Meditación del sueño, memorable
visión real que en éxtasis domeña;
severo cielo, tierra razonable
de pan cortado, vino y estameña.
El pincel, la paleta, todo es frente,
médula todo, pensativamente.

Piensa el tabique, piensa el pergamino
del volumen que alumbra la madera;
el pan que se abstrae y se ensimisma el vino
sobre el mantel que enclaustra la arpillera.
Y es el membrillo un pensamiento puro
que concentra el frutero en claroscuro.

Ora el plato, y la jarra, de sencilla,
humildemente persevera muda,
y el orden que descansa en la vajilla
se reposa en la luz que la desnuda.
Todo el callado refectorio reza
una oración que exalta la certeza.

La nube es un soporte, es una baja
plataforma celeste suspendida,
donde un arcángel albañil trabaja,
roto el muro, en mostrar que hay otra vida.
Mas lo que muestra es siempre un andamiaje
para enganchar en pliegues el ropaje.

Rudo amante del lienzo, recia llama
que blanquecinamente tabletea,
telar del hilo de la flor en rama,
pincel que teje, aguja que tornea.
Nunca la línea revistió más peso
ni el alma paño vivo en carne y hueso.

Fe que da el barro, mística terrena
que el color de la arcilla sube al cielo,
mano real que al ser humano ordena
mirarse ante el divino, paralelo.
La gloria abierta, el monje se extasía
al ver volar la misma alfarería.

Pintor de Extremadura, en ti se extrema,
dura y fatal, la lidia por la forma.
El pan que cuece tu obrador se quema
en el frío troquel que lo conforma.
Gire en tu eternidad la disciplina
de una circunferencia cristalina.

Rafael Alberti, Zurbarán



La escena del cuadro se refiere a un milagro acontecido a san Bruno, quien, junto con los seis primeros monjes de la Orden de los Cartujos, comía gracias a lo que les daba el obispo de Grenoble, san Hugo. Un domingo les mandó carne, y los monjes se preguntaron si sería conveniente comerla o no. Mientras hablaban, un profundo sueño los inundó, sueño que se prolongaría durante toda la cuaresma. San Hugo estaba de viaje y cuando volvió el miércoles santo fue a visitar a los cartujos. Cuando llegó los monjes despertaron sin tener conciencia del tiempo que había pasado. Entonces, la carne que estaba en los platos se convirtió en cenizas, lo cual se interpretó como un mensaje divino que aprobaba la abstinencia de los monjes.

La segunda estrofa del poema de Alberti, dedicado a Zurbarán y su obra, se refiere a este cuadro.





viernes, 11 de enero de 2019

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André Kertész



Mi tenedor 
no consigue pinchar el
rayo de luz.

Emilio Pedro Gómez



domingo, 23 de diciembre de 2018

Dios con nosotros, ¡Feliz Navidad!





Adoración de los pastores. Giorgione




Navidad es celebrar lo inédito de Dios, o mejor dicho, es celebrar a un Dios inédito que cambia nuestra lógica y nuestras expectativas.

Papa Francisco






“Tu scendi dalle stelle” ("Bajas de las estrellas") es un tradicional villancico italiano. Deriva de la canción en el idioma napolitano “Quanno nascette Ninno”, compuesta por san Alfonso María de Liguori en 1754.


¡Feliz Navidad!






sábado, 1 de diciembre de 2018

Bodegón




Francisco de Zurbarán, Naturaleza muerta con plato de membrillos



En la penumbra de ébano,
sobre la mesa, un vaso  
de vino y tres membrillos: 
sólo el silencio puede 
decir tanta verdad.

José Mateos






martes, 25 de septiembre de 2018

domingo, 15 de julio de 2018

Ubi sunt? Para "La lechera de Burdeos"





Francisco de Goya y Lucientes, La lechera de Burdeos



Ya lo ves: toda aquella
gente rica que a ti te confundía
con un poco de nada,
con los muros cubiertos de verdín de las calles,
con los brillantes prados
de las afueras, toda aquella gente,
sus pelucas, sus bailes, sus libros, sus modales
delicados, sus coches, sus cadenillas de oro,
sus chocolates, su fraternité...
son ya -qué pronto- polvo olvidado en el polvo.

Y aquí estás tú, con tu mirada ardiente
y tus mejillas de manzana girondina,
con diecinueve años eternos.
Quién te hubiera
dicho que ibas a ser lo único que quedase
de aquel mundo
aquel día en que aquel extranjero
viejo, gruñón y sordo se empeñó en retratarte.

Miguel d'Ors