En la pila, los verdes de la lechuga fresca, los tomates, tus manos metidas hasta el fondo en agua y sol.
¿Qué tiene esta cocina, que es pequeña y es fea?
Tiene una gran ventana, tiene una galería muy del gusto de pájaros, quién sabe qué amistades con la luz, el poniente, ropa blanca tendida luna adentro.
Juan Sánchez Cotán, Bodegón del cardo, 1602. Museo de Bellas Artes, Granada
«Bodegón»
(Cynara cardunculus)
He visto hoy en la plaza de abastos como un brochazo de pintura blanca, curvado como un garfio y el tallo henchido de manchada tierra, el cardo inmaculado de Juan Sánchez Cotán.
La áspera hortaliza ascética como un cartujo, ofrecía en el puesto de verduras al ojo y al bolsillo su agreste carne rosa.
Puede que alguna vez haya cenado sopa de cardos sin saberlo, pero la especie solo se me había revelado —como decía Borges— en los museos y en los libros de arte.
CONTRÁTESE a la primavera para que diseñe los azahares, es tan imaginativa la modista en velos nupciales, sólo que trabaja unos días al año. Los dedos de la lluvia esparzan dos cucharaditas de azúcar, esponje el aire los gajos de la cúpula, se desentienda el sol de todo el universo para teñirle la piel con sus pinceles especializados en rojos, añádase el barniz del otoño para sellar los poros, qué envidia el pop-art y las naturalezas muertas. No toques aún esta naranja, ponte primero de rodillas y adora como los ángeles, fue hecha para ti en exclusiva, para nadie más, como un pequeño inmenso amor que se cae de maduro que se entrega redondo.
Joaquín Antonio Peñalosa
Ludwig van Beethoven - Piano Concerto No. 2 in B-flat major, Op. 19