Necesitamos palabras sencillas como «pan», «amor», «bondad» para que los ciegos no se pierdan en la oscuridad. Necesitamos silencio —¡silencio!— para, a través del aire y en nuestros pensamientos, escuchar la voz, la voz susurrada y modesta de las palomas, las hormigas, los seres humanos, los corazones humanos y su grito de dolor en medio de todo lo que no es amor, ni bondad, ni pan.