La alegría se aprende, no es un don
sino una disciplina
de puro asentimiento.
Levanta la cabeza,
desentraña el sentido
que tiene la caída
y, a ras del suelo, alienta.
Ríete de tu sombra.
Lee la buena ventura en un destino
de muerte inevitable y gloria incierta:
la dicha de estar vivo
es para hoy. Persevera
en la luz, aun a tientas,
pero buscando siempre un equilibrio.
Evita en la bonanza
pecar de euforia,
sonríele al mal tiempo,
y si ahora es más difícil
sabiendo lo que sabes,
recuerda las lecciones de la infancia,
sé feliz de memoria.
Javier Almuzara
Ludwig van Beethoven: Sinfonía No. 7 / Herbert von Karajan
La coreografía de las manos...

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