La belleza trasciende la estética

viernes, 22 de febrero de 2013

Bodegón barroco en Holanda: Rembrandt

 
 
Rembrandt, Autorretrato



El Barroco implica en Europa dos comportamientos artísticos diferentes: el católico y el protestante, aunque dentro de cada uno pueda haber diferentes variantes. En los territorios que hoy forman los países de Holanda, Bélgica y Luxemburgo y que formaron parte de la corona española durante todo el siglo XVI, podemos diferenciar dos partes: la zona de Flandes que siguió bajo la tutela española durante todo el siglo XVII y por lo tanto fue católica y la zona de Países Bajos, lo que hoy es Holanda, la cual se independizó en 1640 y donde el calvinismo se unió a las aspiraciones independentistas, en una sociedad de predominio burgués.

Si en Flandes se unieron perfectamente la Iglesia Católica y el Estado monárquico de los archiduques, en los Países Bajos se experimentó una unión paralela entre la naciente República y el protestantismo reformista. El catolicismo mantenía la idea de monarquía por derecho divino, mientras que los protestantes, que rechazan el autoritarismo religioso en todos los aspectos, tratan de relacionar a los fieles directamente con Dios, sin intermediarios y, por tanto, cada conciencia es responsable ante Dios y no ante la Iglesia.

La sublevación de Holanda contra España fue por motivos religiosos y, al mismo tiempo, sociales y económicos. Pero no fue una revolución de progresistas contra un rey anticuado sino todo lo contrario: la sublevación de una burguesía medieval, amante de sus prerrogativas, sus privilegios feudales, sus ciudades autónomas, frente al centralismo de la Monarquía absoluta de los Austrias; sus gremios y su estilo de vida, contra un rey que pretendía imponerles un sistema estatal centralizado racionalista y moderno. La revolución de los Países Bajos fue una involución conservadora, sentando el precedente de lo que poco después sería la Revolución Inglesa.

El arte holandés estaba determinado pues por esta coyuntura social, por este tipo de pensamiento y por este tipo de público burgués que era su cliente y promotor. Ante todo no es arte religioso. La Iglesia deja de ser el principal cliente del artista. La iconografía holandesa, sólo excepcionalmente, es religiosa. Si acaso, conforme a la ideología protestante, se representan escenas del Antiguo Testamento.
Los temas holandeses son los de la vida cotidiana, retratos, costumbres, paisajes, bodegones, etc. Temas que habían sido tratados marginalmente hasta entonces y ahora pasan a ocupar el centro.

El artista se instala en el centro de la realidad doméstica que siempre ha tenido a su alrededor, pero que ahora descubre como centro y objeto primordial de su arte.
Se descubre en el arte holandés un formalismo típicamente naturalista, pero de un naturalismo “sui generis” y determinado, en primer lugar, por las pequeñas dimensiones que va a tener el marco, adaptable al interior de una casa burguesa y también por las pretensiones psicológicas que caracterizan al burgués. No se trata de representar estados de ánimo o recuerdos místicos o heroicos, sino que se limita a reproducir de forma fidedigna el naturalismo espacial de los objetos.
El arte holandés no es cortesano, no está determinado por el consumo de la Corte o de la Iglesia. Es un arte hecho por burgueses y para burgueses. Junto a este público burgués que demanda obras íntimas y de pequeño tamaño, existen otros consumidores de obras de arte: los municipios, corporaciones, asilos, etc y estos demandan obras de mayor tamaño, aunque nunca llegan a alcanzar la pompa y el convencionalismo de un arte cortesano.

Holanda no brilla en esta época por su arquitectura ni por su escultura, y se limita a copiar con mayor o menor fortuna los modelos franceses, italianos y alemanes cuando no sigue haciendo edificios plenamente góticos y arcaizantes. Sin embargo desarrolla todo su genio en la pintura, consiguiendo un momento estelar en la Historia plástica universal.

Los temas son los temas de la vida cotidiana y diaria, nada heroicos y por tanto propicios a conceder escasa importancia a la anécdota temática y a concentrar el esfuerzo del artista en los problemas técnicos.

En este contexto, destaca la figura de:

   
 
Rembrandt Harmenszoon van Rijn (Leiden-, 15 de julio de 1606 – Ámsterdam, 4 de octubre de 1669) fue un pintor y grabador holandés. La historia del arte le considera uno de los mayores maestros barrocos de la pintura y el grabado, siendo con seguridad el artista más importante de la historia de Holanda. Su aportación a la pintura coincide con lo que los historiadores han dado en llamar la edad de oro holandesa, el considerado momento cumbre de su cultura, ciencia, comercio, poderío e influencia política.

Habiendo alcanzado el éxito en la juventud, sus últimos años estuvieron marcados por la tragedia personal y la ruina económica. Sus dibujos y pinturas fueron siempre muy populares, gozando también de gran predicamento entre los artistas, y durante veinte años se convirtió en el maestro de prácticamente todos los pintores holandeses. Entre los mayores logros creativos de Rembrandt están los magistrales retratos que realizó para sus contemporáneos, sus autorretratos y sus ilustraciones de escenas bíblicas. En sus autorretratos, especialmente, encontramos siempre la mirada humilde y sincera de un artista que trazó en ellos su propia biografía.
 
 
 
Rembrandt Harmensz, van Rijn. Judit en el banquete de Holofernes, 1634.
 Museo Nacional del Prado, Madrid. Única obra de Rembrandt conservada en el Prado
 
 
 
Detalle (nautilos, una concha del animal marino del mismo nombre
 y engastada sobre un pie de oro)
 
   
Rembrandt tenía un profundo conocimiento de la iconografía clásica, y en sus pinturas y grabados solía interpretarla libremente para ajustarla a su propia experiencia. Así, en la representación de una escena bíblica Rembrandt solía combinar su propio conocimiento del texto con su particular concepto de la composición clásica y algunas observaciones anecdóticas de la población judía de Ámsterdam. Por la empatía con que retrató la condición humana, Rembrandt ha sido considerado "uno de los grandes profetas de la civilización". Ningún artista combinó nunca tan delicada habilidad con tanta energía y poder. Su tratamiento de la humanidad rebosa de simpatía.
 
 
 
 
 
En lo que se refiere al tema "bodegón", encontramos dos obras, excepcionales por su temática en la producción de Rembrandt:
 
 
 
Naturaleza muerta con dos pavos reales muertos y una niña. Rembrandt van Rijn.
Rijksmuseum, Amsterdam
 
 
Con las alas extendidas y el pico abierto, un pavo real aparece colgado cabeza abajo en el vacío; otro ejemplar descansa pesadamente sin vida sobre la mesa: la cabeza sobresale proyectando sombras, por encima del borde; cae sangre al suelo, que estimula macabramente la mirada para dar al cuadro una presencia temporal inmediata. El cesto de frutas parece anticipar aspectos del impresionismo. Una muchacha mira, en el fondo, a través de una ventana a este conjunto modulado por la luz; pocas veces se ha pintado el sentido de la vista de un modo tan convincente.

Se observa una peculiar interacción entre los objetos y la niña. La división en dos (la naturaleza muerta en el primer plano y la figura del fondo) podría llevar a buscar reliquias del sistema pictórico dual al estilo de Aertsen y Beuckelaer .
La combinación de la naturaleza muerta y figura se encuentra sin embargo, antes y destacadamente en Caravaggio; después en Baschen o Bernardo Strozzi (hacía 1581- 1644) y, mucho más tarde, por ejemplo en Lovis Corinth ( 1858-1925 ).
Las características de la imagen de la muchacha no deben dejarse de lado: no se trata de un retrato, sino de un tipo, un carácter. La muchacha aparece como una niña que exterioriza su sorpresa frente al mundo. Plinio escribió que Parraso pintó a "dos muchachos, a los que se le notaba la inocencia y la candidez de sus pocos años". La sencillez no es solo la característica de la niña, sino también , subrayada por la reducida gama de colores de todo el cuadro, pues en la categoría estética que se opone, como alternativa a las tendencias "barrocas" predominantes en la pintura de la época.

El verdadero tema de este cuadro pintado con gran elocuencia es la pintura misma, su ritmo y su franca exhibición. La forma se transforma en un devenir dinámico, animado en su interior. Solo en el ojo del observador y desde una cierta distancia, el conjunto de luces y colores se convierte en una imagen integral. El tema tiene sus precedentes en los bodegones y cuadros de banquetes despensas y cocinas flamencas
.

 
 
Rembrandt van Rijn, El buey desollado.
Museo del Louvre
 


La obra está firmada y datada «REMBRANDT F:1655». Rembrandt lo pintó en su etapa de madurez, poco antes de su bancarrota de 1655.

Es un cuadro excepcional dentro de la producción de Rembrandt, tanto por el tema como por la calidad. Se trata de un bodegón, algo inusual dentro de la producción del artista. En la pintura holandesa de género la presencia de animales muertos y desollados era frecuente en escenas de cocina, que se difundieron a partir del Cinquecento. Podría ser una especie de memento mori o lección de vanidad, es decir, una representación del inevitable final de todas las cosas terrenales. La presencia de una figura femenina que atisba este interior al fondo del cuadro permite sospechar que se trataría de una pintura de género, más que de un bodegón.

Se representa una escena de interior, posiblemente un sótano. En el fondo se entrevé una figura humana, una mujer con cofia, la mujer del carnicero, reducida al rango de secundaria, que se asoma por una puerta. Pero en primer plano, dominándolo todo, el cadáver de un buey, colgado de una barra de madera próxima al techo; este travesaño sirve para dar perspectiva y profundidad al cuadro. La representación del buey, que a simple vista parece crudamente real, viola varias leyes físicas de gravedad.

En lo que se refiere a la calidad, es una obra de impresionante factura técnica, en "uno de los estudios más crudos de la realidad que jamás se haya efectuado por medios pictóricos" (L. Monreal).

La pintura está ejecutada con pinceladas gruesas y violentas, muy sueltas, que anticipa un poco el expresionismo del siglo XX. Se consigue así que en determinados puntos se acumulen grumos de pintura al óleo, lo que proporciona relieve a la superficie pictórica. La mujer, por ejemplo, aparece borrosa, como una mancha realizada con pinceladas gruesas y densas.

Este lienzo fue objeto de imitación por otros pintores posteriores, como Eugène Delacroix, Honoré Daumier, Francis Bacon y Chaïm Soutine.

 

El bodegón, un nuevo tema pictórico del Barroco  





martes, 5 de febrero de 2013

Barroco italiano: Bernardo Strozzi

 
 

La cocinera.  Bernardo Strozzi
Museo Pushkin. Moscú


 
Pintor genovés de pintura religiosa (1581-1644), muy influido por Rubens. Trabajó en Venecia durante el siglo XVII, en el estilo barroco.

En 1597 se hizo monje capuchino, de donde le viene el apodo, "El capuchino". Profesó ininterrumpidamente hasta 1610, año en que la orden le dio permiso temporal para ir a cuidar a su madre enferma. Ésta murió en 1630, por lo que la orden le pidió que se reintegrara. Parece ser que Strozzi no deseaba regresar, de modo que en 1631 cambió su residencia a Venecia.
Este cambio no sólo estuvo motivado por su deseo de huir de la orden de los capuchinos, sino por sus propias tendencias pictóricas. A lo largo de toda su vida, Strozzi había pintado lienzos en Génova, dedicados a retratos, alegorías, mitologías, escenas de género y religión. Durante su etapa genovesa, había conocido la obra de Van Dyck, que también trabajó allí y dejo una huella de elegancia en su pintura. También en Génova trabajó durante unos años Rubens, que inundó su concepción pictórica de colorido y sensualidad, dos cualidades que se encontraban también en la pintura veneciana. Es por ello tal vez que eligiera Venecia como refugio. Una vez allí no tardó en encontrar trabajo. Se mantuvo trabajando allí hasta su muerte, junto con otros pintores de otras repúblicas italianas, ante la falta de pintores venecianos.
 
 




La cocinera es una "escena de cocina" a la manera holandesa, que es por un lado un detallado retrato de una cocinera, y por otro, la representación de las aves de caza que está preparando.

Manifiesta en esta obra su apertura al naturalismo caravaggiesco y a la riqueza cromática flamenca, sobre todo de Rubens. La realidad se substancia en las rosadas carnaciones de la corpórea y sensual cocinera, en la intensidad expresiva de su rostro ingenuo y sencillo, como su gesto, y en la detalladísima y narrativa visión de los animales y objetos culinarios.


El vídeo está en italiano, pero la obra se comprende bien.


 


 


 

miércoles, 2 de enero de 2013

El Danubio azul


 
 
 


 
¡Feliz  2013!

 


Los valses de Strauss deben sentirse ligeros, elegantes y bellos con la mayor naturalidad, pero precisamente estas cualidades son las más difíciles de conseguir”, señaló Welser-Möst.

Johann Strauss: El Danubio azul, vals, op. 314

Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por Franz Welser-Möst, en la Sala Dorada de la Musikverein de Viena (Austria) el 01/01/2013.



 

viernes, 21 de diciembre de 2012

¡Feliz y santa Navidad 2012!






Virgen del Oratorio. Catedral de León. Michel Perrín.


Aunque no es música católica, Bach era protestante, sin embargo tal vez algún día, los cristianos  unamos nuestras voces en Belén, para cantar juntos al Señor...

 

 
 
"Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”.
 
(Juan 1, 14)


¡Alegraos, regocijaos! ¡Glorificad este día!
¡Alegraos! ¡Cantad de alegría!
¡Celebrad estos días maravillosos!
¡Glorificad lo que el Altísimo ha cumplido este día!
¡Ahuyentad vuestros temores, detened vuestros lamentos!
¡Entonad vuestro canto lleno de gozo y alegría!
¡Glorificad lo que el Altísimo ha cumplido este día!
¡Unid vuestras voces para cantar la gloria del Altísimo!
¡Celebremos el nombre del Todopoderoso!
 
 
¡Feliz y santa Navidad!
 

 
 

viernes, 21 de septiembre de 2012

El bodegón en el Barroco: Fede Galizia y Giovanna Garzoni



 

Judit con la cabeza de Holofernes (detalle).
 Posiblemente su autorretrato. Fede Galizia



Durante la época barroca, al igual que en etapas anteriores, estaba prohibido que las mujeres artistas fueran dueñas de talleres y, si no tenían la suerte de haber nacido dentro de una familia de pintores con talleres propios, era casi imposible que una joven artista pudiera desarrollar su talento. Carecían, salvo excepciones, de libertad intelectual (acceso a estudios, viajes, relaciones sociales...) y libertad económica, al no tener medios propios;  incluso no disponían de un espacio personal donde trabajar, reflexionar o crear. 

No es posible conocer, en general, a todas las que hubo y son muchas las que no estuvieron reconocidas en su aprendizaje, en la creación y posterior muestra de su obra. Según la mentalidad imperante en diversas épocas, el arte creado por las mujeres era de inferior calidad al ejecutado por los hombres, teniendo por consiguiente su obra menor valor desde el punto de vista técnico y material.

En este contexto, cobra especial significado la obra de dos pintoras italianas, que destacaron en esta época, y que son conocidas en la Historia del Arte sobre todo por sus bodegones, género considerado en el Barroco como menor.

Fede Galizia

Fede Gallizi, mejor conocida como Galizia, nació en Milán en 1578. Su padre, Nunzio Galizia  fue un pintor de miniaturas. De él aprendió a pintar, y se dice que a la edad de doce años era suficientemente considerada artista como para ser mencionada por Giovanni Paolo Lomazzo, pintor y teórico del arte amigo de su padre, de la siguiente forma: 

«Esta joven se ha dedicado a imitar a nuestros más extraordinarios artistas».

Cuando Fede estuvo preparada y establecida como pintora de retratos, comenzó a recibir muchos encargos. Posiblemente por influencia de su padre como miniaturista, tuvo tendencia al detalle en sus pinturas. 

  

Frutas en un plato de plata y rosa, 1602


Además de los retratos y miniaturas pintó retablos, pero su obra más importante -por la que ganó un lugar en la Historia del Arte- son sus bodegones. Aunque sus pinturas no ganaron el merecido reconocimiento hasta bien entrado el siglo XX, al fin fueron rescatadas del olvido.

Los bodegones de Galizia están entre los primeros ejemplos de pintura en un género en el que una mujer, en parte por estar excluida de otros tipos de obras, alcanzó la excelencia.

 

Bodegón con cerezas y mariposa


Sus bodegones son extremadamente detallados y muy diferentes de los trabajos de su padre: usó colores más vibrantes y minuciosos. Casi todos sus trabajos de este género incluyen bandejas de frutas, con un tratamiento bien proporcionado que por lo general muestran un mismo tipo de fruta en una canasta o bandeja, con unas pocas caídas alrededor. Algunas incluyen flores frescas, mariposas, saltamontes, etc, como forma de marcar un contraste relevante de forma y color.

 
 
Canasta de melocotones en porcelana blanca

 

Ciruelas en un plato blanco
 
  

Bandeja de vidrio con los melocotones, las flores de jazmín, membrillos y un saltamontes
 

  
Bodegón con plato de frutas

 

Frutero de cerámica con frutas
 


La obra de Fede Galizia muestra la influencia de Canasta de frutas de Caravaggio, y en sus bodegones se percibe, a través de las frutas picadas o ya muy maduras, el sentido del tempus fugit, la vida que pasa fugazmente, que ya había utilizado Caravaggio anteriormente. 
No exploró las composiciones y formas más esplendorosas usadas por muchos contemporáneos, prefiriendo en su lugar un estilo estrictamente simple como el de Francisco de Zurbarán.
 
Fede nunca contrajo matrimonio, y vivió una vida feliz con éxito en su carrera artística. Murió en Milán en 1630.

 
 




La segunda pintora destacada en el Barroco de Italia fue:
  
  
Autorretrato


Giovanna Garzoni

 
Tuvo mucho éxito en su época como pintora de miniaturas que desarrolló especialmente el género de la naturaleza muerta, aunque también realizó retratos y temas religiosos. 
Nació en Ascoli Piceno en el año 1600, no fue hija de un pintor como solía suceder con las mujeres que llegaron a dedicarse a esta actividad, pero sus progenitores, Giacomo Garzoni e Isabetta Gaia, venían de familias de artesanos. Su talento fue descubierto cuando era aprendiz de un farmacéutico de su pueblo. Una carta escrita por ella en 1620 revela que fue entrenada en la pintura por Giacomo Rogni.
 
Contrajo matrimonio en 1622 con un artista veneciano llamado Tiberio Tinelli pero, como ella había hecho votos de castidad, este matrimonio duró solo dos años.

Hacia el año 1654  se trasladó a Roma, donde fue miembro de la Accademia di San Luca (asociación de artistas fundada en 1593), algo excepcional en esa época, ya que no era costumbre admitir mujeres, pero consta en los registros que recibió los mismos beneficios que los pintores varones. Gracias a estos registros, se pueden conocer detalles de su vida, puesto que en su época sólo aparece mencionada en Meraviglie dell’Arte de Carlo Ridolfi, obra del año 1648.
  

 
Frutero con ciruelas y nueces
 
 
Tal es el éxito que tuvieron sus obras, que se llegó a afirmar que pudo venderlas "por el precio que ella quisiera".

En 1666, hizo testamento a favor de la Accademia di San Luca, a condición de ser enterrada en su iglesia.

  
 
Naturaleza muerta con plato con limones
 

En sus naturalezas muertas le gustaba pintar pequeños seres vivos, o muertos, que colocaba entre las frutas y verduras.
 
 

Bodegón con rodaja de melón

 

Plato de higos

 

Cerezas y claveles

 
 
 Plato con guisantes

 
  
 Bodegón con cesto de frutas
 


Bodegón con frutas, calavera y botella
 

Aparece en este bodegón el cráneo humano, símbolo de la muerte que alude a la fugacidad y fragilidad de la vida, al igual que el vidrio de la botella; al lado se encuentran  las vanidades humanas, como son las frutas que simbolizan los placeres (vanitas).
Este tipo de bodegones, muy frecuentes en el Barroco, reciben el nombre genérico de "vanitas".
 
Vanitas es el término latino, que puede traducirse por vanidad.

Su título y su concepción se relacionan con un pasaje del Eclesiastés:
 
 «Vanitas vanitatum omnia vanitas» («Vanidad de vanidades, todo es vanidad»).
 
El mensaje que pretende transmitir es la inutilidad de los placeres mundanos frente a la certeza de la muerte, animando a la adopción de un sombrío punto de vista sobre el mundo. Es, al mismo tiempo, un elemento esencial en el surgimiento del bodegón como género individual.
 
 
 
Albaricoques

 
 
Alcachofas
 

 
Plato con espárragos y claveles


 
Abeja y frutas
 


Calabazas

  
 
Peras y nueces
 

 
Claveles
  


 Jarrón de la dinastía Ming con flores

 
Murió en 1670 después de disfrutar de una vida de trabajo y éxito constantes, lo que le permitió vivir con independencia económica para retirarse a los 43 años.
 



Vangelis





jueves, 23 de agosto de 2012

El bodegón en el Barroco: Caravaggio






Autorretrato


El siglo XVII, el Barroco, es la época de la aparición del  "bodegón" como género independiente.

Como estilo artístico, el Barroco surgió a principios del siglo XVII en Italia, y de aquí se irradió hacia la mayor parte de Europa. Durante mucho tiempo (siglos XVIII y XIX) el término barroco tuvo un sentido peyorativo, con el significado de recargado, desmesurado e irracional, hasta que posteriormente fue revalorizado a fines de siglo XIX, por Jacob Burckhardt y luego por Benedetto Croce y Eugenio d'Ors.
La sociedad atraviesa por una honda crisis que afecta la vida entera del hombre europeo, tiñéndola de angustia e inseguridad; es una crisis económica, política, social y moral, con mucha desigualdad social, intransigencia religiosa y guerras sucesivas. Este entorno de crisis afecta y da un sello característico al Barroco.
Es el siglo de la Contrarreforma que sigue al Concilio de Trento (la Iglesia Católica se vio escindida por la Reforma luterana), de las monarquías absolutistas y de la burguesía. La Iglesia comprendió muy pronto el valor ilimitado del arte para propagar  los dogmas católicos (virginidad de María, misterio de la Trinidad, etc), por lo que contrató a gran número de artistas para tal fin.
Y en esta época, en Italia, encontramos la genial figura de Caravaggio, el gran innovador de la pintura.


Caravaggio

Michelangelo Merisi da Caravaggio nació en Milán el 29 de septiembre de 1571 (definitivamente la ciudad de Caravaggio, en Lombardía, de donde tomó su sobrenombre, no parece ser su lugar de nacimiento).  Su padre falleció cuando Caravaggio tenía cinco años, debido a la terrible epidemia de peste que asoló Milán.

Fue junto con Anibale Carracci, uno de los pintores más importantes e influyentes del Barroco. En el año 1584 entró como discípulo en el taller milanés de Simone Peterzano, el cual había sido formado a su vez por Tiziano. 

Tenía un carácter orgulloso y beligerante, siempre dispuesto a entrar en reyertas y riñas, lo que le llevará a cambiar muchas veces de destino, huyendo de la justicia.

En Caravaggio se percibe que su vida y su obra están estrechamente conectadas. A diferencia, por ejemplo, de sus contemporáneos, que idealizaban la realidad, Caravaggio la pintaba en toda su crudeza. Para ello utilizaba modelos de carne y hueso, gente real que encontraba por los callejones de Roma, entre los sectores más bajos de la sociedad. Sus pinturas de santos con rasgos vulgares cuyos modelos eran gente de los bajos fondos, fueron considerados por la Iglesia de la época como enfrentados a los valores de pureza y santidad. Tuvo en los representantes del catolicismo fervientes admiradores y también grandes enemigos.
En 1592, a la edad de 20 años,  llegó a Roma en extrema pobreza:

«desnudo y extremadamente necesitado, sin una dirección fija y sin provisiones... además corto de dinero», nos dicen sus biógrafos.



Muchacho con cesto de frutas


Algunos meses después, comenzó a realizar trabajos importantes, conoció artistas de la época. En esta etapa compuso los primeras obras de éxito, como Muchacho con cesto de frutas (1593-1594).

Pero la época más importante para Caravaggio se inició en 1595, cuando es acogido bajo la protección del cardenal Francesco María del Monte, embajador de los Medici en Roma. Este cardenal era amante de las artes y de los diversos campos de la cultura.


El primer bodegón de la pintura occidental




Cesto con frutas, 1597-1598
Pinacoteca Ambrosiana, Milán



Y en esta etapa decide pintar una cesta con frutas, considerada como el  primer bodegón puro de la pintura occidental: el bodegón no era  un complemento, como en épocas anteriores, sino el sujeto del cuadro. Sin embargo, esta obra está cargada de simbolismo, no es sólo simplemente un cesto.


Cesto con frutas

La naturaleza muerta es un género que se inaugura a finales del siglo XVI y principios del XVII en las "botteghe" o talleres de pintura centroitalianos, lo que ha llevado a denominarla como "bodegón". Caravaggio consideraba de la misma importancia un cuadro sobre flores o frutas que otro sobre historias bíblicas. Rompió con la jerarquía de temas existentes hasta el momento y estableció la naturaleza muerta o bodegón como género autónomo.

Y fue también el primero en utilizar este género para simbolizar alegorías cristianas o morales.  Esta significación profunda (sentido de la caducidad de todas las cosas, tempus fugit) en lo que aparenta ser un simple cesto con frutas de temporada, se puede rastrear analizando las frutas y hojas que aparecen pintadas con extraordinaria maestría: manzanas (símbolo del pecado original), peras, higos, granadas (símbolo de la pasión), membrillos y uvas, todas ellas son frutas del final del verano, antes de que se detenga la vida con la llegada del invierno; son un símbolo de las fiestas de recolección y la dulzura obtenida tras el largo año de trabajo. Además, el pintor combina con habilidad frutas maduras, junto con otras frutas marchitas, llenas de manchas, que preludian la podredumbre y la muerte. Lo mismo ocurre con las hojas, entre las que encontramos verdes  junto a otras arrugadas, amarillentas y llenas de agujeros de parásitos.
Se trata, a un tiempo, de mostrar el atractivo de la tentación junto al carácter efímero de la vida y los placeres.






Pintaba con tal realismo que las frutas de la canasta en Cesto de frutas fueron analizadas por un profesor de horticultura, quien logró descubrir cultivos particulares en el cuadro: «una gran hoja de higuera, con una mancha causada por un hongo, que parece ser antracnosis».



 
Baco, 1597
Galleria degli Uffizi, Florencia



Y de esta época es también Baco, posiblemente un autorretrato.






Una representación asombrosa del fino cristal y las ondas que demuestran que se acaba de beber de la copa; un prodigio de calidad técnica.

El mecenazgo del cardenal se mantendrá hasta el año 1599 y, por su mediación, obtendrá el encargo para decorar la Capilla Contarelli, trabajo que le llevará dos años.
Es en estos años, entre 1599 y 1600, cuando se produce un cambio en el estilo de Caravaggio, usando  figuras silueteadas sobre un fondo oscuro, y modeladas por medio del juego entre sombras y luces (claroscuro). Se le considera el maestro del Naturalismo tenebrista. Este estilo se denomina así por la acusada perfección en la plasmación de la realidad, tanto en sus aspectos bellos como en los más deformes, y por el empleo de una iluminación completamente artificial y muy contrastada, lo que produce espacios en sombra total junto a áreas claras y casi planas.
Es ahora cuando abandona la pintura profana y se dedica, ya hasta el final de sus días, casi en exclusiva a la religiosa.

La primera obra que refleja este cambio de estilo, a la vez que muestra, como complemento, naturalezas muertas con sutiles alusiones simbólicas es:


Cena de Emaús


Los discípulos de Emaús o Cena de Emaús. Caravaggio, h. 1596-1602
National Gallery de Londres
  



La escena  narra los primeros pasos de Cristo resucitado. Habiendo encontrado éste a dos de sus discípulos en el camino a Emaús, los hombres no reconocen a su maestro hasta el momento de la cena en una posada, pues al bendecir Jesús el pan y el vino reconocen el gesto de la Eucaristía y a su Señor. 
Ha llenado la escena de sutiles indicativos de la divinidad y el misterio desvelado de la resurrección, que algunos coetáneos de Caravaggio criticaron por ser inapropiados. Uno de estos elementos fue el cesto de frutas que adorna la mesa: copiado literalmente del Cesto de Frutas, se censuró que contuviera frutos de otoño, cuando la resurrección había tenido lugar en primavera. Sin embargo, como apreciamos en el comentario del citado Cesto, cada fruta es una alusión simbólica: la manzana al pecado original, la granada a la pasión, etc. Por otro lado, el resto de los manjares resume los elementos de la Eucaristía: el pan, el vino y la jarra de agua. Los gestos y las posiciones de los personajes también nos indican el verdadero significado de la escena: Cristo bendice el pan con el mismo gesto del Dios Creador del Juicio Final de Miguel Ángel. Pedro extiende sus brazos en el mismo gesto de un crucificado, como lo fue Cristo y como lo habría de ser el apóstol más tarde. Sólo los discípulos pueden reconocer el gesto de Cristo, por lo que el criado, ignorante de lo que está presenciando, no se ha descubierto la cabeza como haría si reconociera al Mesías. Un último detalle que revela la divinidad de Cristo oculta a los ojos humanos, es la sombra que el criado proyecta sobre el fondo pero no sobre Jesús, quien parece iluminado por una luz interna.
 

Un paseo a través de sus obras







Durante su estancia en Roma recibió las influencias de Tiziano y Miguel Ángel, entre otros; pero, como él mismo decía:

"El verdadero modelo no es el Renacimiento ni el arte clásico, sino la Naturaleza".


El dramatismo, los gestos, los rasgos de sus modelos, demuestran que llevó al límite esta afirmación.
Su carácter pasional y violento  quedó reflejado en las luces profundas que "cortan" las figuras, mostrándolas auténticas, sufrientes e inquietantes.



Virgen de Loreto o de los Peregrinos, 1604


A veces, él mismo aparece retratado en estas figuras, como en La Muerte de la Virgen, en la que aparece entre la multitud, o en una de sus últimas obras, David con la cabeza de Goliat (1606), donde la cabeza cortada del gigante es la suya propia, que muestra con cruel realismo la paliza que había sufrido poco antes a manos de unos sicarios pagados por un enemigo.

Un hecho termina con su estancia en Roma: la noche del 29 de mayo de 1606 mató, probablemente por accidente, a un hombre llamado Ranuccio Tomassoni. Anteriormente, sus mecenas le protegieron de posibles acciones judiciales en su contra, motivadas por riñas, pero esta vez fue diferente. Con una orden de aprehensión a sus espaldas y fuera de la ley, Caravaggio huyó a Nápoles, una vez recuperado de la paliza mencionada.

En  Nápoles, bajo la autoridad de los reyes españoles, pronto se hizo popular recibiendo  numerosos encargos. Mientras tanto, en Roma sus mecenas y protectores realizan numerosas gestiones para obtener el indulto del pintor.

En el año 1608 Caravaggio se dirige a Malta en busca del apoyo del Gran Maestre de la Orden de los Caballeros de Malta. Es nombrado Caballero honorario de la Orden. Trató de llevar una vida ordenada, pero, de nuevo, es encarcelado por una disputa de honor con otro caballero, teniendo que huir de la isla. Es expulsado de la Orden de Malta por persona "non grata". 
Así, se dirige a Sicilia. Desea retornar a Roma donde se encuentran sus mayores protectores y mecenas. Con esta esperanza se traslada, de nuevo, a Nápoles en 1609 y allí es atacado por unos sicarios, probablemente contratados por los caballeros de Malta, que le dan una gran paliza y desfiguran su cara. En el año 1610, cercano ya el indulto, inicia su traslado hacia Roma estableciéndose en Porto Ercole, lindante con los Estados Pontificios, con la intención de cruzar la frontera tan pronto como éste le fuera concedido. Sin embargo, allí enfermaría de malaria, muriendo de ésta cuando ya se encontraba indultado por el Papa.

Pero si su vida fue turbulenta, su muerte ha sido objeto de grandes controversias, hasta el punto de que varias teorías se disputaban su explicación (existen al respecto hasta ocho teorías). Su cuerpo no fue encontrado (en 2010 varios investigadores hallaron huesos de Caravaggio enterrados en una fosa común, en la región de Toscana). Sea como fuere, la versión oficial, hasta la fecha, es ésta de Porto Ercole, aquejado de malaria.

Después de su muerte, en los siglos XVIII y XIX, simplemente se ignora la obra de Caravaggio. Pero en el siglo XX se vuelve a valorar. Influyó decisivamente en José de Ribera, El Spagnoletto; Velázquez, Zurbarán, Rubens y Rembrandt.

Como todos los genios, su obra marcó un antes y un después en la Historia del Arte. A pesar de los años transcurridos,  sigue siendo hoy una fuente de inspiración para nuevos autores.

Según Andrew Graham-Dixon, uno de sus biógrafos más destacados,"era muy sensible, un intelectual que lee la Biblia y a San Agustín. Es un pintor muy culto, inteligente y sutil".

Pienso, que si no fuera así, no podría haber pintado obras tan profundas; cuando se contemplan no se pueden dejar de mirar...

Os dejo un vídeo donde se analiza su obra "La vocación de San Mateo":




 
Cantus Caravaggio I · Hèsperion XXI · Jordi Savall · Dominique Fernandez
Lachrimæ Caravaggio