La belleza trasciende la estética

jueves, 8 de diciembre de 2011

El bodegón en el Renacimiento I

 
 
 


Frutas y verduras. Manuscrito de Leonardo da Vinci


La naturaleza muerta apareció como género independiente en el Renacimiento, siendo considerada en un principio como inferior en comparación al retrato o las alegorías. En esta época el bodegón comienza a liberarse del significado simbólico y religioso con el que estuvo revestido hasta la Edad Media, cuando el naciente género aparecía encubierto o disimulado en pinturas religiosas o retratos. Así, grandes figuras como Leonardo da Vinci y Alberto Durero dejaron detallados dibujos y acuarelas,  donde los objetos naturales eran considerados entidades independientes, despojados de cualquier asociación mitológica o religiosa.

 

Liebre. Alberto Durero

 
 
 
Cangrejo. Alberto Durero


Rigurosamente no podemos hablar del "género bodegón" hasta el siglo XVII, el siglo del Barroco; sin embargo, son varios los pintores renacentistas que durante el siglo XVI nos ofrecen bodegones o naturalezas muertas representados con un claro protagonismo en el cuadro, ubicados en mercados, cocinas, fiestas campesinas o habitaciones y, a menudo, con escenas religiosas de fondo. El tema religioso queda relegado a un segundo plano.
Son los pintores de los Países Bajos los que mejor reflejan esta tendencia, verdaderos precursores del "género bodegón".
 
Holanda vive durante el siglo XVI un período de gran prosperidad económica, debido sobre todo al auge comercial. Este hecho facilita que  la burguesía tenga la posibilidad de comprar obras para adornar sus casas.  Además, se produce durante el siglo XVI en el centro de Europa una explosión demográfica. Paulatinamente la población se concentra en espacios urbanos, lo que obligó a incrementar la distribución de alimentos. Los mercados de las ciudades aparecen repletos de puestos de alimentos, y los burgueses reclaman a los pintores que reproduzcan visualmente su prosperidad y su creciente poder.
 
En el siglo XVI comenzó también el conflicto entre los neerlandeses y Felipe II de España. Esta confrontación causó una guerra que duró 80 años (la Guerra de Flandes), y que finalmente le dio a los Países Bajos su independencia. 
 
En los Países Bajos, se habían difundido las ideas luteranas y, hacia mediados del siglo XVI, también fue muy fuerte la difusión del calvinismo. 
El calvinismo animó la emancipación de las artes de la tutela de la Iglesia.
La idea calvinista de la elección solo "por gracia" (predestinación), contribuyó a interesar al artista por lo que es aparentemente pequeño e insignificante. Si un hombre común, en quien el mundo no se fija, es valorado e incluso elegido por Dios, esto tiene que llevar al artista a encontrar también un motivo de arte en lo que es común y trivial, a estar atento a las emociones y asuntos del corazón humano en la vida cotidiana, a captar con su instinto artístico su impulso ideal y, finalmente, a interpretar con su pincel para el mundo este descubrimiento.
Estas ideas calaron en los artistas y en los burgueses que encargaban los cuadros. Estos cuadros despiertan apetito y necesidades, pero, a la vez, critican de un modo solapado el comportamiento consumista, tan contrario a las buenas obras cristianas, como por ejemplo el ayuno.
Como resultado de todo esto aparecen obras que abren nuevos caminos artísticos, escenas de género (mercados, cocinas, carnicerías, fiestas con grandes y pequeños bodegones):


 Paises Bajos

Destacan:

 Pieter Aertsen
(Amsterdam, 1508-1575)


Junto con su sobrino Joachim Beuckelaer fue uno de los primeros pintores de bodegones o naturalezas muertas, aunque también se dedicó a otros temas como las escenas religiosas. Dignificó este género como especialidad artística, ya que hasta esas fechas, era considerado propio de pintores imitativos, sin imaginación.

 

Bodegón con carne y Huida a Egipto. Pieter Aertsen

 
 
Una de las obras más conocidas de Aertsen es Bodegón con carne y con la Sagrada Familia (también conocida como El puesto de carne o El puesto de carnicero), que el pintor firmó en 1551.

Una enorme cantidad de productos cárnicos se ofrecen al comprador. En primer plano se aprecian mesas, ollas, platos, un barril, una silla y cestas de mimbre que sirven de soporte a las grandes piezas cortadas, patas de cerdo, sopas, cadenas de embutidos y aves de corral muertas.
 
Detrás se ve un establo abierto con tejado de ripias, construido con pilares de madera; de una vara cuelgan, entre otras cosas, una cabeza de cerdo y un embutido serpenteante, y más allá se percibe un cerdo desollado, que más tarde retomaría Rembrandt como un buey desollado.

Existen varias versiones de ese cuadro, lo que demuestra la fama que llegó a adquirir. 
El aspecto más novedoso del arte de Aertsen es la inversión de la jerarquía temática tradicional, que tuvo una gran influencia, tanto en los propios Países Bajos como en Italia, en la obra de artistas como Vincenzo Campi. También en España el joven Velázquez, a principios del siglo XVII, realizó bodegones que son herederos de las ideas de Aertsen.

La combinación de escenas religiosas con una naturaleza muerta que observamos en este cuadro, conlleva un comentario sobre cuestiones morales y actitudes frente a la vida. En este caso, la escena donde se muestra el acto caritativo de la Virgen repartiendo limosna, se ve relegada al fondo del cuadro. Para llegar a ella, nuestra vista ha de atravesar la mesa de un suculento puesto de venta, donde aparecen carne y vísceras de diferentes animales dispuestas para su venta. Estos elementos no solo ocupan el primer plano, sino que además son de mayor tamaño que las figuras religiosas. No conocemos ningún documento contemporáneo de la obra que nos explique su significado, pero no es difícil adivinar que el espectador se enfrenta a una imagen en la que el interés (no olvidemos que la carne que observamos está dispuesta para su venta) y la abundancia desmesurados se comparan con la caridad de la Virgen.
Para instar al espectador a meditar sobre estas cuestiones, el pintor se refiere en su cuadro a un episodio contemporáneo. El cartel que se observa en la parte superior derecha de la escena dice lo siguiente:
“Aquí detrás hay 154 varas de tierra que se vende inmediatamente, ya sea por vara o en su totalidad” (“hier achter is revé te coope tersto(n)t metter roeye(n) elck syn gerief oft teenemale 154”).
 
Lo que Aertsen muestra, por tanto, no es solo una venta de comida, sino también de terrenos, un tema hacia el que existía especial sensibilidad en Amberes a mediados del siglo XVI, debido al enorme incremento que experimentaba el precio del suelo en zonas urbanas. La venta mencionada fue real, según un documento contemporáneo encontrado en los archivos de Amberes, en 1551 (la fecha en que se pintó el cuadro) la ciudad confiscó una serie de terrenos, y a continuación cedió parte de ellos, concretamente 154 varas, a un personaje que había sido juzgado en varias ocasiones por escándalos de corrupción, Gilbert van Schoonbeke. Aunque no conocemos todos los detalles del caso, al parecer el beneficio que Van Schoonbeke sacó de esta operación fue considerado como un escándalo. Al referirse en su cuadro a este caso concreto, Aertsen buscaba que el contraste entre la caridad de la Virgen y la conducta usurera fuese lo más directo y relevante posible para los espectadores.

  

La danza del huevo. Pieter Aertsen


 

Cristo con Marta y María. Pieter Aertsen




Fiesta campesina. Pieter Aertsen



Cristo y la mujer adúltera. Pieter Aertsen




La historia bíblica se encuentra al fondo, mientras que el primer plano lo dominan campesinos que ofrecen lozas, frutos en cestas, cebollas, zanahorias, pepinos, col, así como huevos, pan y leche en grandes recipientes. Es en esta acción donde se fija la mirada del observador, y no en la escena religiosa.

 
La vendedora de verduras. Pieter Aertsen
 
 
 
Las Crêpes, 1562, Pieter Aertsen, (Rotterdam, museo Boymans-Van Beuningen)
 
 
 
La cocinera. Pieter Aertsen





Joachim Beuckelaer
 (Amberes, 1533-1574)

 
Sobrino político y discípulo de Pieter Aertsen. Heredó de él la predilección por las grandes muestras de naturalezas muertas y las escenas de género, sobre todo interiores de cocina y mercado, con representaciones religiosas en el fondo. Más sencillos que los cuadros de Aertsen, renunció también al escenario bíblico, pero expresando a cambio, con excesiva exhuberancia, la escena de mercado.

 
Su serie sobre los Cuatro elementos, en la National Gallery de Londres, ejemplifica este tema:

 



Los cuatro elementos: Aire. Joachim Beuckelaer
 
 
En esta pintura, "Aire", diferentes tipos de aves se ofrecen para la venta, algunos todavía vivos en grandes cestos de mimbre, y otros muertos. En el centro de la composición, a distancia, el hijo pródigo se muestra inclinado contra una mujer.





Los cuatro elementos: Tierra. Joachim Beuckelaer

En esta obra la mujer, presumiblemente una campesina, se convierte casi en un accesorio de las cestas llenas de frutas y verduras que se apilan hasta el borde superior del cuadro. Las coles de color violeta verdusco con sus hojas rugosas, agitadas y crespas, son prueba fehaciente de un método mejor de abono, y la abundancia de productos dan testimonio del gran número de injertos y cruces.

 

Los cuatro elementos: Agua. Joachim Beuckelaer 


El Agua muestra un mercado con doce tipos diferentes de pescados, alusivos a los doce apóstoles de Jesús. A través de un arco, en el fondo, vemos a Jesús caminando sobre el mar de Galilea.


 
Los cuatro elementos: Fuego. Joachim Beuckelaer


El fuego es una de las obras más ambiciosas de Beuckelaer, combina la naturaleza muerta  de carne y aves de corral, con los cuartos traseros preparados para cocinar en el fuego. Más allá de la cocina, Cristo aparece sentado con Marta y María. 


 

La cocina bien abastecida. Joachim Beuckelaer




Mercado de verduras. Joachim Beuckelaer

 
 
 

Escena de cocina con Cristo en casa de Marta y María. Joachim Beuckelaer



Obra de transición entre la pintura flamenca, coetánea del Renacimiento, y el Barroco pleno de Flandes y Holanda. Las ropas, la moda, los adornos escultóricos y las arquitecturas clasicistas del fondo, nos hablan de la aceptación de los postulados del Cinquecento italiano. Sin embargo, tanto la composición como el tema, nos dan a entender que se ha avanzado en la concepción de la pintura. 

Siendo el tema la visita de Cristo a casa de Marta y María, esta escena, que supuestamente es la principal, aparece desplazada al fondo, con figuras de pequeño tamaño y escasa relevancia en la acción. La atención se centra, por el contrario, en la visión de la despensa de la casa, en la cual se disponen los manjares que van a consumir. Esta importancia de la comida y su preparación se relaciona con la aparición de un nuevo género independiente, como es el bodegón.

 



Mujer en el mercado con frutas, vegetales y aves de corral. Joachim Beuckelaer
 
 
 

Detalle de la obra



Interior de cocina. Joachim Beuckelaer
 


Cerdo descuartizado. Joachim Beuckelaer

 
 
 

La cocinera. Joachim Beuckelaer





Fuentes


 
 
 

jueves, 29 de septiembre de 2011

El bodegón en la Edad Media




Autorretrato. Giotto

Durante la Edad Media se produce un retroceso en el género del bodegón. El tema de la naturaleza muerta aparece integrado en composiciones de simbolismo religioso, en forma de objetos de la vida cotidiana, acompañando a las figuras protagonistas. Es el caso de los frescos de:


Giotto di Bondone
(siglo XIV, Trecento)
 
Con él  comienza en la pintura el cambio hacia el mundo renacentista.
Es considerado el padre de la pintura moderna:
 
La biografía tradicional de Giotto suele verse presidida por un texto de Ghiberti:


Comenzó el arte de la pintura a renacer en la Toscana, en una aldea cercana a Florencia, llamada Vespignano. Nació allí un muchacho de precoz ingenio que era capaz de dibujar ovejas del natural. Un día acertó a pasar por allí Cimabue, camino de Bolonia, y vio al muchacho dibujando una oveja. Admirado por la perfección de su obra, realizada a tan corta edad, preguntó al muchacho cuál era su nombre y él respondió: 
-Me llamo Giotto. A mi padre lo llaman Bondone y vive en aquella casa...


 
Escenas de la vida de Cristo. Las bodas de Caná. Giotto




Detalle de la obra


Uno de sus ciclos pictóricos más importantes es el dedicado a la vida de San Francisco de Asís, en la Basílica Superior de San Francisco de Asís:


Vida de San Francisco. Muerte del caballero de Celano. Giotto
Basílica de San Francisco en Asís



Es una escena de las más sobresalientes de todo el ciclo de la Basílica Superior de Asís en lo que respecta a la caracterización psicológica de los personajes y la expresión de sus sentimientos. El caballero de Celano, fiel devoto del santo de Asís, invitó a comer a San Francisco, que le prometió su salvación. Después de quedar tranquilo, sabedor del destino de su alma, el caballero murió, cuando los comensales se estaban sentando a la mesa. El estrépito de la muerte repentina del caballero hace que todos se levanten y asistan al muerto. Giotto dispone una composición con el motivo de la mesa puesta. Esta parte está recuadrada con las formas claras de la rica arquitectura de la casa del caballero. San Francisco, de pie y señalando con la mano, parece mucho más tranquilo y sosegado en sus actitudes que el resto. Evidentemente siente la muerte, pero sabe que el alma del difunto está a salvo.
 
De forma particularmente evidente, estas consideraciones aparecen en los pintores del Norte de Europa, durante la época de transición de la Edad Media al Renacimiento.
Es el caso de los "primitivos flamencos", cuyo máximo exponente es:

Jan Van Eyck

Utiliza elementos del bodegón cargados de simbolismo, dentro de lo que puede considerarse como antecedente de las llamadas "escenas de género".
La utilización de estos elementos se vio favorecida por el desarrollo de la técnica de la pintura al óleo, que permitía representar objetos cotidianos con gran minuciosidad. Como ejemplo, el Matrimonio Arnolfini, cuya iconografía se encuentra cargada de  simbolismo:
 
 
 

 
Matrimonio Arnolfini. Jan Van Eyck, 1434
National Gallery de Londres

 
Detalle de la obra con las naranjas

Las naranjas en el arcón  simbolizan la riqueza, la buena posición social de los retratados, ya que esta fruta, escasa y cara, era considerada un lujo en el Norte de Europa, en la Flandes del siglo XV. Representan también la fruta prohibida del Paraíso (la lujuria).
Aluden también al origen mediterráneo de los contrayentes.
Es el retrato de una burguesía consolidada y próspera en los negocios.
 


Tacuinum Sanitatis, 1370-1400. Haciendo pan



Pueden aparecer también ilustraciones y miniaturas con elementos del bodegón, colocados en los márgenes  de los textos, y manuales medievales, dedicados la mayoría a la dietética y la salud del cuerpo, como  el  Tacuinum Sanitatis (s. XIV- XV), o el tratado del médico medieval Aldebrandín de Siena (s. XIII- XIV).
 
 


Tacuinum Sanitatis. Mercado de queso
 
 
 
Tacuinum Sanitatis. Mercado de pan
 
 
 
 
Leche. Aldebrandin de Siena. Plan del cuerpo




Aldebrandin de Siena, La flours et la rose de toute medicine de fisisque (Régime du corps), finales s. XIII - principios del s. XIV


Mención de especial interés es el libro de Las muy ricas horas del Duque de Berry (Les Très Riches Heures du Duc de Berry o Les Très Riches Heures).

Un libro de horas es un libro con las oraciones, que se debían rezar en 7 momentos del día (horas canónicas: Cruce a medianoche, Laudes hacia las 3:00 h., Prima hacia las 6:00 h., Parte hacia las 9:00 h., Sexta al mediodía, Monjahacia las 15:00 h., Vísperas hacia las 18:00 h., Complies hacia las 21:00 h.). Está escrito en Latín. Estos textos para laicos, eran más cortos que los que usaban los clérigos.
Se conserva actualmente en el Museo Condé de Chantilly (Francia).

Es probablemente el manuscrito ilustrado más importante del siglo XV, “le roi des manuscrits enluminés” (el rey de los manuscritos ilustrados). Fue encargado por Jean, duque de Berry, alrededor de 1410 y realizado por el taller de los hermanos Limbourg.
Contiene 206 hojas o folios. La mitad de sus páginas están totalmente ilustradas, siendo consideradas unas de las mejores representaciones de la pintura gótica internacional.
Aparte de las ilustraciones de salmos, destaca su calendario, con representaciones de los distintos meses del año y las labores, generalmente agrícolas, que en cada uno de ellos se realizaban.
 
 

 
Enero





Un pequeño bodegón en la mesa:


La escena, en una gran sala con chimenea y el suelo de estera, no parece tener fondo. Los caballeros que vemos luchando ¿son lo que luchan en la Guerra de los Cien Años o son un tapiz que describe la Guerra de Troya? Por los versos que apenas se pueden descifrar parece ser que es la Guerra de Troya a la medieval. Los tapices no solo decoraban los muros de los castillos, sino que colgados en esos muros creaban una cámara de aire que temperaba las frías e inhóspitas estancias del siglo XV. Porque hace frío en esa sala de banquete. La mesa, provisional, creada con caballetes y tablas está cubierta por un mantel blanco. La vajilla es de oro y en ella está representada el Salière du Pavillon, una hermosa pieza de orfebrería en forma de navicella. Dos cachorros de perros están subidos en la mesa y uno come de uno de los platos, eran en aquellos días de 1411 o 1412 los perros preferidos del Duque de Berry. Este está sentado frente a la gran chimenea encendida, las chispas es posible verlas tras una gran pantalla de mimbre redonda que servía tanto para aislar de las chispas como para distribuir el calor. Sobre la chimenea se yergue un dosel de seda roja con las armas del Duque: campo de azur con las flores de lis de oro de la Casa Real de Francia, y los cisnes heridos y los osos que adoptó como emblema en la lejana fecha de 1360, cuando siendo un joven de veinte años estuvo prisionero un tiempo en Inglaterra. 




La pintura de Giotto, transición de la Baja Edad Media al Renacimiento




Fuentes
 
Las Muy Ricas Horas del duque Jean de Berry







jueves, 8 de septiembre de 2011

Antecedentes del Bodegón: Roma

 
 
 

Bodegón, Casa Julia Felix, Pompeya


Los bodegones, sin otro propósito que el de la decoración, aparecen por primera vez en la Roma Clásica, a través de la pintura al fresco y los mosaicos.
 
Al igual que otras artes, la pintura en Roma tenía una finalidad práctica: decorar las casas y palacios. Las pinturas de Pompeya son las mejor conservadas, ya que en el año 79 d.C. una erupción del Vesubio cubrió toda la ciudad, permitiendo que se conservaran  (entre otras muchas cosas) como no ha sucedido en ninguna otra ciudad. Todas ellas se encontraban en Domus o casas romanas, como decoración mural.


 
Bodegón con salmonetes, Pompeya
 
 
 
Panadería, Pompeya
 
 

Bodegón, Casa Julia Felix, 70 d.C, Pompeya



Cesta con higos, Pompeya

 

Pan e higos, Pompeya
 
  

Higos, Pompeya
 
 

Bodegón marino, Pompeya



.La ciudad de Herculano también fue destruida por el Vesubio
  Ejemplo de algunos frescos

 
 
Bodegón con melocotones y jarra
 
 

Fresco con aves y boletus
 
 
 
Mosaicos

Elaborados con pequeñas piezas llamadas teselas, se referían a ellos también como opus tessellatum. Las teselas son piezas de forma cúbica, realizadas con rocas calcáreas, material de vidrio o cerámica, muy cuidadas y de distintos tamaños. El artista las disponía sobre la superficie, como un puzzle, distribuyendo el color y la forma y aglomerándolas con una masa de cemento.

Nos ofrecen numerosas muestras de bodegones

 
 
Bodegón marino, Pompeya, Casa del Fauno
 
 
 
Bodegón animales, Pompeya, Casa del Fauno
 
 
  
Bodegón marino, Sousse



Basilica Aquileia, Mosaico con hongos
 
 
 
Mosaico con peces, Museo Arqueológico de Nápoles

 

 .
Mosaico finales s. I a. C.
Museo Nacional de Roma



Mosaico romano s. II a.C. Museo Vaticano




Pompeya y Herculano a comienzos del siglo XX.






miércoles, 31 de agosto de 2011

Antecedentes del Bodegón: Grecia

 
 
 
 
 
Vaso de Kamarés con motivo de pulpo, h. XX – XVIII a.C.
 

El bodegón tradicional imita la realidad. La imitación de la realidad (mimesis), como concepto o idea, tuvo su origen en Grecia. Ya Aristóteles, se refiere al vocablo μίμησις (mímesis o mimesis, vocablo latino, que significa "imitación"), para denominar a la imitación de la naturaleza como fin esencial del arte. Se convierte en un equivalente al original.
Según el historiador Plinio,  los pintores griegos se esmeraban por realizar mímesis en la pintura tratando de representar lo más fielmente posible elementos de la naturaleza; entre los más famosos, Zeuxis y Parrasio, aunque también había pintores como Apeles y Apolodoro, todos ellos muy fieles a la realidad.



Zeuxis pintando a un joven con uvas
Detalle de un mural  (Gallery of the History of Ancient Painting. Museo Hermitage)



Parece ser que la historia de la naturaleza muerta o bodegones se remonta a la leyenda del pintor griego Zeuxis, que en el siglo V a. de J. C. pintò un racimo de uvas de tal realismo que los pàjaros trataban de picotearlas.

 He aquí la escena, contada por Plinio el Viejo, en su Historia Natural:
  
 "Se dice que Parrasio, otro hábil pintor griego, compitió con Zeuxis; éste presentó unas uvas pintadas con tanto acierto que unos pájaros se habían acercado volando a la escena, y aquél presentó una tela pintada con tanto realismo que Zeuxis, henchido de orgullo por el juicio de los pájaros, se apresuró a quitar al fin la tela para mostrar la pintura, y al darse cuenta de su error, con ingenua vergüenza, concedió la palma a su rival, porque él había engañado a los pájaros, pero Parrasio le había engañado a él, que era artista”.
 
La mimesis en la Historia del Arte se desarrolló ampliamente a través del género de la naturaleza muerta, donde  el pintor partía de la inmovilidad del modelo e intentaba duplicar la realidad. Debido a su función imitativa (copia de la realidad), la pintura mimética pudo ser entendida como una falsedad, ya que aquello que el espectador percibía no era la realidad sino una ficción. De ahí la idea de que la pintura imitativa es confusa y engañosa, maestra de errores.

 


Cerámica Griega con peces (350-325 a. C). (Museo del Louvre)



Como posibles antecedentes de la naturaleza muerta en Grecia, es en la cerámica   donde se han encontrado variedad de representaciones de animales, que los griegos consumían habitualmente en su dieta. El pescado fresco, marisco y moluscos eran algunos de sus alimentos preferidos.

 


Ánfora Griega. Época Micénica 1400-900 a.C)
Representa un pulpo



 
Crátera Griega. Época Micénica 1400-1300 a. C. Procedente de Lalysos


Aparecen también escenas relacionadas con la elaboración de alimentos y bebidas, entre ellos el vino y el aceite. 
La importancia que la vinicultura tuvo en la sociedad griega antigua puede verse en una cita del historiador Tucídides:

"Los pueblos del Mediterráneo empezaron a emerger del barbarismo cuando aprendieron a cultivar  olivos y vides".


 
Detalle cerámica Griega. Pisa de uva

 

Ánfora ( s.VI a.C). Recolección de aceitunas



Algunas páginas interesantes:





 

miércoles, 10 de agosto de 2011

Antecedentes del Bodegón: Egipto

 
 
 
Detalle de alimentos. Pintura
 al fresco de la tumba de un escriba.
 1422-1411 a.C. Menna, Tebas (Egipto) 




Detalle ofrenda de cervatillo en la misma tumba anterior



En la Historia del Arte las naturalezas muertas o bodegones ya existían como una forma de representación antes de ser clasificadas como tal.
Las primeras naturalezas muertas que se conocen pertenecen al Antiguo Egipto. Los bodegones ya adornaban el interior de las tumbas en esta época (dentro de escenas más amplias, que bien podían considerarse como antecedentes de las llamadas "escenas de género"). Se creía que los objetos relacionados con la comida y la vida doméstica serían reales en el más allá, dispuestos para que los muertos los usaran.

 


Relieve de la tumba de Set-Bahetep
 (Museo Arqueológico Nacional de Madrid)
 Ritual funerario de ofrendas de alimentos para alimentar el ka
 de Set-Bahetep



El temor del hombre egipcio a quedarse sin alimento, traspasó el umbral de la muerte, lo que tuvo su reflejo en el aspecto funerario.
En la escritura de los relieves jeroglíficos sobre las mesas de ofrendas, en los muros de sus tumbas, se pueden leer fórmulas de invocación para que al difunto, no le faltara el alimento diario para el “Ka” cuando físicamente aquél desapareciera.
 


Ofrendas funerarias en la tumba de Amenemhat  y su mujer Hemet (Dinastía XVIII)

Este hecho de alimentar al difunto era tan importante que, según la moral egipcia, era considerada como falta grave no procurar el alimento necesario a sus semejantes o a los dioses.



Restos de pinturas procedente de la tumba de Ipy,
 que documenta la producción egipcia de queso

 
Así en el capítulo 125 del Libro de los Muertos, ante el gran dios de la justicia y de los muertos, Osiris, el difunto sería admitido  entre los "justificados", los "justos de voz"( designa la condición del difunto que pasa con éxito la prueba del juicio ante el tribunal de Osiris), si confesaba con su propia voz, mediante una fórmula conocida como “confesión negativa”, es decir, declaraciones de inocencia que aquél realizaba ante los dioses del tribunal a fin de justificar sus acciones personales, de que jamás hubiera cometido las faltas que la moral egipcia considerara graves. Entre los requisitos para que el veredicto fuera favorable, se encuentra la alusión explícita a esta falta:
(…) no disminuí las ofrendas de los alimentos en los templos. No he destruido los panes de los dioses. No he arrebatado la comida de los espíritus… No disminuí los suministros de los alimentos".
Y de forma bien explícita continua confesando:
(…) no arrebaté la leche de las bocas de los niños".
 (la leche era considerada fundamental en la alimentación)



Pintura mural en la tumba de la princesa Itet, en el Museo de El Cairo.
 Friso en la cámara dedicada al culto de la tumba de la princesa Itet.
 Dinastía IV, hacia 2700 a. C.
 En la parte superior, escena de caza de aves.
 En la inferior, escena de trabajos agrícolas. 



La cantidad de ofrendas y escenas de banquetes funerarios que aparecen en sus tumbas, en las que los comensales se representan sentados ante mesas repletas de provisiones, permiten observar que para los egipcios la alimentación no era una mera necesidad biológica. De hecho, un difunto no parecía estar bien abastecido hasta que no tenía en su lista de ofrendas al menos:

10 clases de carnes diferentes

5 clases de aves

16 tipos de pan y pasteles,

6 clases de vino

4 tipos de cerveza (muy importante en su dieta)

11 de frutas

y todo tipo de cosas dulces




Relieve del sarcófago de la reina Kawit, esposa de Metuhotep.
 Dinastía XII. Deir-el-Bahari (tomando cerveza)
 
 
La ofrenda de cerveza, junto con el pan y las cebollas, considerados los alimentos básicos, era de obligado cumplimiento.
El Capítulo 79 de los Textos de las Pirámides nos dice:

 “…recibo las ofrendas que provienen de mis altares, bebo cerveza durante el crepúsculo”.
“Tú que das pan a Ptah ¡Oh grande que habitas en la Gran Morada, dame pan, dame cerveza”.
 
 
 
 

Detalle de una pintura de la tumba de Unsu, procedente de Tebas Oeste,
 donde se puede ver a una muchacha llevando un pan blanco con forma cónica
 (Paris, Museo del Louvre)
 
 
 
Vendimia y pisado de uvas. Tumba de Nakht (Najt) Dinastía XVIII


Todas las escenas funerarias permiten, pues, acercarnos a una dieta muy variada, cuya representación podría considerarse como el antecedente más antiguo de las naturalezas muertas o bodegones.
 
 
 
Ocas de Meidum" mastaba de Nefermaat de Itet